lunes, 8 de agosto de 2016

Traición por parte de la quietud

Todo estaba bien, quieto. Sin subidas, pero tampoco bajadas. Tranquilo, sin peligro.
La tranquilidad estaba conmigo, siempre de mi lado, íbamos juntas de la mano.
Muy normal, tranquilo, como debía ser. Hasta que... me traicionó.
La quietud de mi vida me abandono, empezaron a haber bajadas empinadas y no había nada de que agarrarse para salvarse de la caída libre.
No había suelo.
Se había dejado descubrir la fragilidad. La fragilidad de la calma, la fragilidad de la tranquilidad, la fragilidad de la vida misma.
En frente de mis ojos pude ver, como la vida puede sufrir un terremoto y arrasar consigo todo lo que te puede mantener el pie. Se lleva esperanzas, ilusiones, y te destroza todo lo que tardaste más de una vida en construir.
Su traición me dejó cansada. No tenía idea de cómo hacerla volver conmigo. Se fue y se llevo todo de sí.
Casi puedo negar que exista la posibilidad de volver a tomarla de la mano. Nunca volvió. Me traicionó. La quietud desapareció sin dejar rastro alguno.
Me traicionó.

—Camila Acosta

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