miércoles, 29 de junio de 2016

Basta de tensar la cuerda...

No sé cómo, por qué, para qué.
Terminé muy lejos, muy aislado, no de la sociedad, ni de casa. Aislado de mi mismo.
No soy yo, ya no soy el de antes, tampoco el que me gustaría, ni en mis gustos, actitudes, o forma de pensar.

Miro con lástima al blanco, a la X, mi blanco. Al que dije que nunca le iba a tener lástima de tantas flechas que le clavaron. Ese blanco que admiro, por más destruido que esté, sigue aguantando hasta el final.

Carga flechas y las suelta rapidísimo. sin darse tiempo a nada. Las busca y vuelve a la linea de tiro, carga y tira. La última flecha dio justo donde quería, su blanco, su propio blanco. La última flecha cae en una esquina. "Esperanza" decía.

Las lágrimas caen sin parar. Las mías, por verla así, por verme a mi, dándome lástima mi propia guerrera.

Camino hasta la linea de tiro. Nunca me acercaría ahí, pero hoy si.

No dejo que suelte la flecha, no así, no cuando ni se preocupa por que tan desprotegida esté en esta batalla.

Basta de tensar la cuerda al límite, no hay que dejar que se suelte sola y no poder frenar la flecha.
Bajemos las flechas, soltemos el arco, salgamos de esta guerra. Todavía no estamos listos.
Tiene las manos frías, tanto que quema. La sangre corre por su brazo. No podía tirar, pero lo hizo. No le importó que tan mal podía quedar. Soltó todo, mató lo poco que quedaba, no se dio tiempo a llegar al final.

Yo fui una flecha. Personas que pasaron fueron tensando el arco, pasando por distintos blancos hasta llegar al que no quería, no porque no me gustara, sino porque ya estaba muy roto, y tenía miedo, miedo de romperlo por completo.

Llegué, corté el viento, le di, muy cerca de la X. No llegué a partirlo, pero lo rompí mucho, tanto que algunos pedazos cayeron.

No sabía como reaccionar. Nunca quise darle a algo tan frágil, pero lo hice. No me aleje cuando sabía que tenía que hacerlo.

La alejo de la linea de tiro. Ella no tiene que pelear sola, ni siquiera tiene que pelear, pero lo hace. No para, no quiere dejarlo, aunque se lo pidas, ella sigue. O seguía... Le dió a su última vida...

Perdóname —Me disculpo.

No pasa nada —Contesta muy bajito.

Me gustaría verla a los ojos, pero mira al suelo. Sé que llora, veo que caen las lágrimas, pero no puedo verla a ella.

No quería hacer eso —Le digo.
No quería encontrarla llorando. No quería lastimarla.

No fue tu culpa. Sólo estás perdido y asustado. Crees que que alguien te persigue para acusarte de algo, o lastimarte. Por eso te defendiste. —Contesta. Entiendo...

No quería lastimarte. Me asusté y... —Me interrumpe.

Disparaste, te alejaste y después lo lamentaste —Termina.

«¿Cómo lo sabe?»

Habré hecho eso muchas veces. También fui el blanco que dio lástima  a muchos. Entiendo todo, el recorrido de cada tiro, el porqué cae donde cae, porque rompe el blanco y porque cae al piso pidiendo perdón por su error —Me explica.

¿Ven porqué la admiro?

La llevo a casa. Probablemente tarde un poco, quizá años, en recuperar lo que perdió. La fuerza con la que resistía las flechas. Quizá no sea la misma, quizá ni la recupere.

Y cuando se pierde la esperanza,se pierde todo. Porque la esperanza es lo último que se pierde.

—Acosta Camila

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